La apatía en las personas mayores

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Publicado el Jueves, 31 Agosto 2017 10:30
Escrito por aliad
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La apatía es un déficit persistente de la motivaciónque se caracteriza por una pérdida de interés general de realizar actividades con las personas del entorno. También puede identificarse con una carencia de iniciativa o de motivación o el llamado “aplanamiento emocional”, que supone una indiferencia ante cualquier tipo de estímulo.

La apatía suele afectar a las personas mayores, que ante la cada vez más difícil tarea de socializar o realizar actividades, pueden pasar a un estado de indiferencia e inactividad.

Sin embargo, hay que tener cuidado de no confundir apatía con depresión, ya que la pérdida de respuesta emocional de la primera no va acompañada de la tristeza, sensación de soledad o angustia que sí está en la segunda.

Eso sí, la apatía puede ser un síntoma de la depresión, pero no es un hecho íntegramente relacionado: una persona apática puede que no padezca depresión y viceversa.

Expertos en el ámbito sociosanitario han explicado que el desencadenante de la apatía puede deberse a alteraciones neuroquímicas o estructurales en el cerebro y puede manifestarse con criterios clínicos propios o como un síntoma dentro de otros síndromes (demencia, depresión, trastornos psiquiátricos, Parkinson…).

De hecho, cuando es un síntoma de otro síndrome como la demencia, tiene una alta prevalencia según avanza el deterioro por lo que es clave abordarla para evitar que haga que la enfermedad evoluciones más rápidamente.

Dña. Ainara Castaños, neuropsicóloga en Igurco Servicios Sociosanitarios, indica que algunas recomendaciones para hacer frente a la apatía en las personas mayores incluyen:

Estimular la participación en actividades que le resultara agradable anteriormente y sea fácil de realizar, ayudarle a iniciarla y dejar que continúe.

1). Fomentar sus relaciones sociales y la conexión con el entorno.

2). Evita hacer comentarios continuos sobre su falta de actividad y criticarle por su pérdida de interés e iniciativa.

3). Si empieza una tarea y no la termina, no criticarle.

4). Felicitarle por lo que ha hecho e incluso simplemente por intentarlo.

5). Pedir su colaboración en algunas tareas pero sin llegar a ponerle nervioso. El nivel de exigencia debe empezar siendo muy bajo e ir aumentando poco a poco hasta llegar al nivel de actividad que tolere mejor.

6). No juzgar por su falta de afecto, por su despreocupación ante los problemas, etc. La persona no tiene la culpa, es la enfermedad la que le impide ser como antes.